Escucha tu voz interior

Sugerencia de escritura del día
Háblanos de un tema o asunto sobre el que hayas cambiado de opinión.

Por Aimée Padilla

Cuando recién egresé de la universidad, mi papá fue despedido de su trabajo. Aunque intentó conseguir empleo no le fue posible así que todas las esperanzas para sostener a la familia, recayeron en mí.

Para ése entonces estaba trabajando de auxiliar contable en un despacho y me pagaban muy poco. Hablé con mi jefe para ver si podía darme un aumento, o más carga de trabajo y me dijo que no podía, pero que entendía si tenía que renunciar, así que fue accesible cuando pedía permisos para ir a entrevistas de trabajo.

Llegó la tan esperada oportunidad en un ingenio azucarero, una amiga me conectó con el gerente y fui a la entrevista de trabajo.

El gerente era una persona de unos cincuenta y tantos años, al parecer muy accesible y entendía que estaba trabajando, pero la contabilidad en un ingenio de azúcar, era muy distinta a la contabilidad de una empresa comercial, así que me pidió fuera a trabajar sin goce de sueldo, después de mi horario de trabajo, aunque fuera una o dos horas para que me fuera empapando del sistema contable que llevaban.

Me ofreció el triple de lo que me pagaban en el despacho y excelente oportunidad de crecimiento.

Al tercer día de estar yendo al ingenio, el gerente me llamó muy apenado para decirme que los socios de la empresa lo habían reprendido por haberme ofrecido esa cantidad de dinero, que no podía pagarme tanto pero que sí me pagaría más de lo que estaba ganando.

En ése momento quedé en shock, no supe que decirle y solo recuerdo que le dije «ok está bien, nos vemos mañana»

Era jueves cuando me dijo éso, salí con los ojos llorosos y le dije a la que me recomendó que tenía que irme a casa, que luego la llamaría. Ella me miraba con tristeza, supongo ya sabía lo que me había dicho su jefe.

Llegué a mi casa echa un mar de lágrimas y le conté a mi mamá lo sucedido, ya había renunciado a mi empleo y en el nuevo me habían cambiado la jugada. Si en ése momento se retractó de algo tan importante como el sueldo ¿qué pasaría después? ¿Qué clase de persona era el gerente que ofrecía algo que no había sido aprobado? ¿El gerente era solo un empleado más?

El problema aquí, era que estábamos sobreviviendo de lo que yo percibía, tuvimos que recortar un montón de gastos y mi papá no pudo o no quiso, encontrar otra fuente de ingresos.

No escribo con el afán de hacer una crítica al modo de actuar de mis padres, solo establezco la carga emocional que traía a cuestas.

Mi mamá me dijo: «mira hija, se que necesitas mucho encontrar otro trabajo, pero si sientes que no es para ti, entonces déjalo, ya habrá otra oportunidad. Hazle mucha oración a Dios y cuéntale tus problemas, en la mañana encontrarás la respuesta»

En aquellos años aún era testigo de Jehová, así que seguí los consejos de mi mamá y toda la noche me la pasé en vela, orando y reflexionando en lo que debía hacer.

Llegada la mañana del viernes supe que debía hacer: decirle No al del ingenio y pedirle a mi jefe que me regresara mi trabajo. Se me caía la cara de vergüenza, pero no tenía otra opción.

Mi jefe accedió a devolverme el empleo, el problema era ir a verle la cara al del ingenio.

Llegué ese día, respiré hondo y pedí hablar con él.

Aún recuerdo su cara, se quedó impactado y con la cara roja del coraje cuando le expuse los motivos por los cuáles había cambiado de opinión. Intentó convencerme, ya que la contadora a la que yo iba a reemplazar estaba por irse y la vacante no podía quedarse vacía tanto tiempo, pero decidí seguir lo que mi yo interior me decía y salí de allí.

Cómo a la hora mi amiga me llamó para preguntarme: «oye que fue lo que le dijiste al contador, cuando saliste se enojó tanto que tiró las cosas de su escritorio».

Todo el fin de semana me quedé pensando en éso… ¿por qué se enojó tanto conmigo? ¿hice bien? ¿iré a conseguir otra oportunidad?

Miles de dudas me atormentaron todo el fin de semana, no sabía qué pasaría, pero algo en mi fuero interno me decía «hiciste lo correcto».

La mañana del Lunes, mi mamá me despertó con urgencia: «hija mira lo que están diciendo en las noticias: el presidente Vicente Fox requisó los ingenios».

Me quedé de una pieza, en aquellos años pensé que fue Jehová quien de manera milagrosa me dijo qué hacer, mi sentir actual es que uno debe de seguir la voz interior, aquella que nos habla desde el silencio y que nos «aconseja» .

Todos los trabajadores del ingenio se quedaron sin trabajo, incluido el gerente aquel. De haberme quedado, no me hubiera tocado liquidación porque ni siquiera era parte de la empresa todavía.

He pasado otras situaciones que me han hecho cambiar de opinión para bien.

No es fácil seguir nuestra voz interior, estamos tan acostumbrados a seguir el consejo de otros, que hemos olvidado que la única opinión que debe valer para tomar acción, es la nuestra.

No tiene nada de malo escuchar lo que otros pueden decir, pero al final el sendero definitivo lo debemos tomar nosotros mismos.

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