Adiós amigo.

Ayer falleció un amigo de la familia al cual le teníamos en alta estima. Nos hacía trabajos en casa pero también recurríamos a él por situaciones mas personales y jamás nos dijo que no.

Nos apoyó muchísimo cuando mi papá falleció y también cuando mi mamá estuvo internada en distintas ocasiones, él siempre nos acompañaba y lo sentíamos como parte de la familia.

Lo conocemos desde siempre, él viene de una familia de testigos de Jehová pero jamás se bautizó; como alguna vez me dijo «yo nací despierto y solo creo en Dios»

Tuve la oportunidad de platicar con él en estos 5 años desde que me alejé de ese grupo religioso, y él no creía las doctrinas de ellos, pero acompañaba a su esposa a las reuniones porque ella es precursora regular.

Tenía un carácter alegre y estaba lleno de vida, ayudaba a todos los que podía y se hizo parte de la vida de mucha gente. El decía que para hacer el bien a otros, no era necesario andar tocando puertas, tratando de convencer a la gente de renunciar a sus creencias.

Tuvo muchos desencuentros con ancianos que querían hacerlo sentir mal por no aceptar un estudio bíblico. En cierta ocasión me contó lo siguiente: «una vez me dijeron… ¿qué va a pensar tu papá cuando resucite y no te vea en el Paraíso?» Me sorprendía su manera de enfrentarse a ese tipo de cuestionamientos e inmediatamente les cortaba el paso y respondía: «mira a mí no me quieras hacer sentir mal, ve a decirle todo eso a quien no te conozca».

Así que aunque intentaron captarlo, nunca pudieron hacerlo.

Su muerte nos sorprendió a todos, le dio un infarto cerebral el sábado y ayer a las 7 de la mañana falleció.

Su repentino deceso me planteaba la siguiente situación: deseo ir a su funeral para darle el pésame a su esposa, pero seguramente estará repleto de testigos de Jehová de la congregación a la cual yo asistía.

Para los que no conocen mi historia, yo fui testigo de Jehová hasta Junio de 2019, fecha en la que decidí dejar de asistir a sus reuniones por no estaba de acuerdo con sus doctrinas. Al separarme de ellos soy considerada apóstata, palabra despectiva que utilizan para referirse a los que nos hemos alejado del culto y con los cuales no debe de haber una estrecha convivencia ya que no somos «ejemplares».

Así que comencé a sentirme incómoda, con esa extraña sensación de que iba a pasar un momento desagradable al ir a presentar mis respetos a su esposa, ya que seguramente me «abordarían» para invitarme a las reuniones nuevamente. Por mi cabeza jamás pasó la idea de no asistir con tal de evitarlos; yo tenía que darle el último adiós a mi querido amigo.

No deseo hacer más extenso este relato diciendo todo lo que encontré, pues el propósito del mismo no es hablar sobre sus creencias religiosas, si no recordar a mi amigo en sus buenos momentos.

Pero sí tengo que destacar que me encontré con lo que pensaba encontrarme: personas que me saludaban con sonrisas forzadas y dos personas que definitivamente no quisieron saludarme. A estas dos personas cuando estaba a punto de irme, fui directamente a ellas y las saludé, las vi apenadas y hasta lástima me dieron porque creo que en el fondo saben que están haciendo mal con su doctrina del ostracismo.

No quise irme de ese lugar con un sentimiento extraño en mi corazón así que abracé y le saqué plática a quienes pude encontrar. Mi deseo es que entiendan que deben de respetar el libre albedrío de las demás personas, y que si decidimos seguir caminos separados, no significa que seamos malas personas.

Debo decir que «pasé la prueba», pensé que al encontrarme nuevamente en un ambiente lleno de testigos de Jehová iba a sentirme intimidada y con un sentimiento de culpa por haberme ido, pero por el contrario todo mi ser me dijo: tomaste la decisión correcta y haz pasado página. No les guardo rencor y atesoro los momentos agradables que llegué a pasar en compañía de ellos, en especial de las hermanas que me conocieron desde niña.

Ese lugar emanaba la energía de «Güero» (así le decían de cariño), pude ver personas que supuse eran amigos del trabajo y en corrillos platicaban lo buena persona que fue mi amigo en vida.

Al ver todo ese ambiente de comentarios positivos para el difunto, reflexioné en mi propia vida, ¿qué legado es el que voy a dejar a cuando me toque partir de este plano?

Tengo muchas cosas en las que trabajar, y agradezco a la vida que aún me encuentre aquí porque todavía tengo la oportunidad de arreglar algunas cosas que tengo pendientes.

Vivamos la vida intensamente, hay que reir más, abrazar a nuestros seres queridos y hacer aquello que hemos dejado para después, porque no sabemos si un día, el menos esperado sea el momento de partir.

Deja un comentario