Por Aimée Padilla
En el ballet de la vida, la monotonía se presenta como la pareja de baile que todos conocemos demasiado bien. Antes, el aburrimiento se escondía en la quietud de las tardes en casa o en las pláticas adultas que no lograban capturar mi atención. Pero el tiempo ha traído consigo una evolución en mi percepción del tedio, llevándome a cuestionar la danza constante de la rutina.
Hoy mi aburrimiento se viste con el traje de la monotonía laboral, una rutina que, aunque necesaria para sostener las comodidades de la vida, se siente como una jaula que limita mis alas. Sueño con un estilo de vida diferente, uno en el que la autosuficiencia y la conexión con la naturaleza sean las melodías que guíen mi danza diaria.

He leído historias de aquellos que han abrazado la autosustentabilidad, desafiando las cadenas del dinero y abrazando la libertad que proviene de vivir en armonía con la tierra. Es un ideal que acaricio, aunque sé que en mi realidad actual, alcanzarlo es un desafío monumental.
Los fines de semana son mi refugio, el momento en que puedo despojarme del disfraz de la rutina y permitir que mi verdadero yo se manifieste. Es durante estas pausas en la coreografía del día a día que encuentro consuelo en las palabras escritas y en la exploración de mundos imaginarios.
La soledad ya no es sinónimo de aislamiento. He aprendido a disfrutar de los momentos a solas, permitiéndome conectar con mis pensamientos más profundos y descubrir la riqueza que yace en la paleta de mi propia compañía. En esos momentos, el aburrimiento se convierte en una oportunidad para explorar la creatividad y la autenticidad que residen dentro de mí.
Aunque la rutina persiste, me comprometo a seguir buscando esos destellos de libertad que me permiten bailar fuera de las líneas predefinidas. La danza entre la monotonía y la libertad es un acto que se despliega cada día, y aunque a veces sienta que estoy atrapada en pasos conocidos, conservo la esperanza de que la música de la libertad seguirá tocando su melodía, llevándome hacia nuevos horizontes.


