El mundo de chocolate de Clara

Sugerencia de escritura del día
Describe la chocolatina de tus sueños.

Por Aimée Padilla

Clara, una niña de siete años con una imaginación desbordante y una sonrisa traviesa, adoraba el chocolate más que cualquier otra cosa en el mundo. Para ella, no había delicia comparable con el dulce y cremoso sabor del chocolate fundiéndose en su boca. Pero su mamá, siempre preocupada por su salud, le repetía constantemente que no debía comer tanto chocolate porque podía ser perjudicial.

«El chocolate está bien en pequeñas cantidades, Clara,» le decía su mamá, mientras le entregaba un pequeño trozo después de la cena. «Demasiado puede hacerte daño.»

Una noche, después de que su mamá le dijera que ya había tenido suficiente chocolate por el día, Clara se fue a la cama algo enfadada. Se arropó bajo sus sábanas, deseando poder comer todo el chocolate que quisiera sin restricciones. Cerró los ojos, y en su mente, empezó a imaginar un mundo donde todo, absolutamente todo, era de chocolate.

En su sueño, Clara se encontró en un lugar maravilloso. Los ríos fluían con chocolate líquido, brillando bajo un sol dorado como caramelo. Las montañas eran gigantescos bloques de chocolate amargo y las nubes esponjosas estaban hechas de algodón de azúcar. Los árboles tenían troncos de chocolate con leche y hojas de chocolate blanco. Alrededor de ella, los animalitos del bosque también eran de chocolate: conejitos de chocolate con ojos de caramelo, ardillas de chocolate con nuez, y pajaritos de chocolate blanco con plumas de almendra.

Clara caminaba maravillada por este mundo delicioso, probando un poco de todo lo que veía. El aire olía a cacao y cada bocado que daba era más delicioso que el anterior. Se sentía en el paraíso de los dulces, sin nadie que le dijera que se detuviera.

De repente, uno de los conejitos de chocolate se le acercó. Tenía una sonrisa amistosa y ojos que parecían brillar con una luz especial.

-¿Estás disfrutando de nuestro mundo de chocolate, Clara? – le preguntó con una vocecita dulce.

-Sí, es el lugar más maravilloso que he visto-, respondió Clara, acariciando suavemente al conejito.

-Recuerda siempre disfrutar de las cosas buenas con moderación-, le dijo el conejito, -Así siempre sabrán igual de deliciosas y especiales.

Clara asintió, comprendiendo las sabias palabras del pequeño conejito. Sabía que su mamá tenía razón, pero en ese momento, decidió disfrutar al máximo de su sueño fantástico.

A la mañana siguiente, Clara despertó con una sonrisa. El sol entraba por la ventana, y los recuerdos de su sueño seguían vivos en su mente. Al girarse en la cama, notó algo junto a su almohada. Con ojos abiertos de par en par, encontró un pequeño conejito de chocolate envuelto en papel brillante. Lo tomó con cuidado, sintiendo en su corazón que su sueño había sido real de alguna manera mágica.

Con el conejito en sus manos, Clara corrió hacia la cocina donde su mamá preparaba el desayuno.

-Mira, mamá, ¡un conejito de chocolate!- exclamó, mostrando su hallazgo.

Su mamá sonrió, acariciándole el cabello.

-Quizás sea un pequeño regalo de alguien que sabe cuánto te gusta el chocolate,- dijo con ternura.

Clara abrazó a su mamá, sintiéndose feliz y comprendida. Aprendió que podía disfrutar de su dulce favorito sin excesos y que los sueños podían tener un toque de magia en la vida real. Desde entonces, cada bocado de chocolate que probaba le recordaba aquel maravilloso sueño y la lección de disfrutar las cosas buenas con moderación.

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