Aceptando el ritmo de la vida

Sugerencia de escritura del día
¿Cómo sabes que ha llegado el momento de desconectar? ¿Qué haces para que suceda?

Por Aimée Padilla

Linda, una viuda de 80 años, se sentaba en su sillón favorito, mirando por la ventana el jardín que una vez había sido su refugio y su orgullo. La vida había sido un torbellino en su juventud: casada joven, madre de cinco hijos, siempre ocupada con las tareas del hogar y las responsabilidades familiares. Recordaba con nitidez aquellos días llenos de actividad, sintiéndose constantemente al borde del colapso, deseando desesperadamente un momento de paz y silencio.

A menudo, cuando sus hijos eran pequeños, Linda se encontraba soñando con un día en el que pudiera simplemente sentarse y disfrutar de un libro o una taza de té sin interrupciones. Pero esos momentos eran raros. La vida exigía su atención constante, y ella se quejaba del ritmo implacable que parecía no darle tregua.

Ahora, el presente era muy diferente. Sus hijos habían crecido y se habían dispersado, cada uno forjando su propio camino. La casa, que alguna vez resonó con risas y voces, ahora estaba silenciosa, salvo por el suave tic-tac del reloj en la pared.

Linda, sentada en su sillón, miraba las fotografías de su familia en las estanterías y sentía una punzada de nostalgia y arrepentimiento. Daría cualquier cosa por volver a esos días agitados que antes tanto la agobiaban.

El mundo también había cambiado. Los teléfonos celulares, la televisión y las redes sociales dominaban la vida moderna, llenando cada instante de estímulos y distracciones. Pero para Linda, esos aparatos eran solo recordatorios de su soledad. Pasaba horas viendo la televisión o navegando sin rumbo en su teléfono, tratando de llenar el vacío que sentía.

Una tarde, mientras miraba por la ventana, Linda recordó un consejo que su madre le había dado mucho tiempo atrás: «La vida tiene diferentes ritmos, y cada uno tiene su propia belleza. Aprende a aceptar cada momento, porque todo cambia y nada dura para siempre.»

Esas palabras resonaron en su mente como nunca antes. Linda se dio cuenta de que había pasado tanto tiempo anhelando el pasado y temiendo el futuro, que había olvidado vivir en el presente. Decidió que era momento de aceptar su vida tal como era ahora, con todas sus tranquilidades y desafíos.

Comenzó a dedicar más tiempo a sus pasatiempos olvidados: la jardinería, la lectura, la pintura. Llamó a sus hijos más a menudo, no para lamentarse, sino para compartir sus días y escuchar las historias de sus vidas. Empezó a salir a caminar por el vecindario, saludando a los vecinos y disfrutando del aire fresco.

Linda descubrió que, aunque el ritmo de su vida había cambiado, aún podía encontrar alegría y propósito en el presente. Aprendió a desconectar de sus pensamientos de depresión y a apreciar los pequeños momentos de felicidad que cada día le ofrecía.

Ya seamos jóvenes o mayores, debemos aprender a aceptar y apreciar cada etapa de nuestras vidas. Las distracciones y demandas del mundo moderno pueden ser abrumadoras, pero también pueden ser manejadas con equilibrio y perspectiva.

Porque al final, todos compartimos este viaje llamado vida, independientemente de nuestra edad o circunstancias.

3 respuestas a «Aceptando el ritmo de la vida»

  1. ¡Bonita historia! Esta puede ser la historia de cualquier persona mayor que llega a cierta edad y mira hacia atrás recordando con nostalgia sus vivencias. Totalmente de acuerdo: hay que aceptar y vivir cada etapa de la vida por muy difícil que sea. Feliz sábado.

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