La leyenda del diablo bebito

Por Aimée Padilla

En un pueblo remoto de Guerrero, donde es costumbre que los campesinos quieran refrescarse la garganta en alguna cantina después de un largo día de trabajo. Don José, un campesino que terminando su cansada jornada laboral, decide pasar a la cantina de Don Javier, donde los hombres del pueblo se reunían a tomar mezcal o pulque, para olvidar sus penas.

Entrando al lugar y ver el ambiente festivo que dominaba, se dijo «un mezcalito pequeño antes de ir a dormir no le hace daño a nadie», así que don José se topó con varios amigos, que ya estaban entrados en la plática de la leyenda que andaba en boca de todos: Que cerca de las 12 de la noche, el diablo se aparecía en el pueblo ya que una mujer lo había visto con forma de perro negro; otro señor lo vio en forma de toro, y así sucesivamente comenzaron a narrar distintas anécdotas, que a don José le parecieron absurdas, así que se echó a reír y dijo: «A mí el diablo me pela los dientes» (refiriéndose a que el diablo no lo intimidaba). Antes de retirarse del lugar, le dijo a sus amigos:

-No hagan caso de esos chismes, nuestras mujeres quieren tenernos temprano en la casa, ya no podemos salir a divertirnos, no hagan caso de semejantes tonterías.

Acto seguido, Don José salió de la cantina, travesando el pueblo que lucía a oscuras, solo estaba alumbrado por la luz de la luna. El silencio reinaba de forma inquietante, pero el hombre al calor del alcohol, siguió caminando por las calles empedradas, sin temor alguno.

De pronto, escuchó un ruido que parecía un crujido. Se detuvo en seco para escuchar con atención y no captó sonido alguno, así que decidió retomar su camino. Cuando de repente, volvió a escuchar un sonido parecido a un llanto, que provenía de una casa abandonada. Con cautela se acercó a un bulto que se movía. Cual sería su sorpresa al encontrarse una cobija con un bebé envuelto que lloraba.

-Que mala mujer, que te abandonó de esta forma tan ruin- Dijo Don José molesto hacia la mujer que había abandonado a la criatura.

Decidió tomarlo en sus brazos y llevarlo a casa, en lo que encontraba a los padres del bebé. El pequeño dejó de llorar, y conforme Don José iba avanzando, el bebé parecía cada vez mas pesado.

Ya que el bulto se le hacía demasiado pesado, Don José decidió detenerse y mirar al bebé que llevaba en brazos. Cuando descubrió la cobija y antes de que él pudiera decir algo, el bebé exclamó: «Papi, mira mis dientitos».

El hombre horrorizado al ver al ver esos ojos negros como carbones y los largos colmillos, aventó al bebé y corrió sin rumbo fijo.

Algunos dicen que perdió la cordura, otros dicen que llegó a su casa y le contó todo a su esposa. Después cayó enfermo y murió días después. Nadie sabe lo que realmente pasó, lo cierto es que al final, se cumplió lo que Don José les dijo a sus amigos en la cantina, que a él «El diablo le pelaba los dientes».

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