Viviendo deprisa

Por Aimée Padilla

¿No les ha pasado que despiertan una mañana con toda la energía del mundo, con mil planes por desarrollar y al final todo se va al traste?

Vivimos una vida muy ajetreada, siempre a las órdenes de los demás. Ya sea el trabajo ó algún otro compromiso que cumplir, siempre nuestra vida pertenece a alguien más menos a nosotros mismos.

Un viernes por la mañana

El viernes pasado, hace exactamente una semana tenía que ir a una empresa para que me firmaran unos documentos, así que salí de la oficina en mi vehículo para ir hacia ese destino. Mi mente divagaba sobre algo que para mí fue muy importante durante 4 años: activismo.

Muchas veces he dicho que me voy, pero regreso… tal vez en menor grado pero al fin es regresar; aún no he podido cortar el cordón umbilical que me ató desde mi nacimiento con esa secta destructiva.

Así que siempre veía la manera de ayudar a otros con mis palabras, pero ahora que lo analizo creo que lo hacía por mi misma: sentía esa necesidad de volver a hablar sobre el movimiento religioso en el que estuve la mayor parte de mi vida, tal vez ya no con la misma intensidad, pero aunque sea un guiño hacia esa vida se vio reflejada en mis anteriores escritos.

Así que me distraje y en un abrir y cerrar de ojos mi vida cambió: tuve un accidente que afortunadamente solo fue el golpe y un esguince de segundo grado.

Mi día se fue al traste, me encontraba asustada, adolorida, con una deuda económica y con mucha rabia hacia mí misma porque me di cuenta que lo que creí era importante era humo, me estaba drenando emocional y ahora físicamente.

Decidí hacer un alto

Pienso que con ese accidente la vida me dijo «por aquí no es, tienes que cambiar y enfocarte en ti misma». Enfocarme en mi misma hubiera sido estar atenta a conducir, pero no… esa vida me cegó el camino, recuerdo que mi último pensamiento antes del impacto fue que una persona de ese mundo activista no me respondió un mensaje.

Mi vida al igual que la mayoría de las personas era un vivir de manera acelerada, así que decidí hacer un alto no solo del activismo, también replantearme mi trabajo; nunca tengo tiempo para mí, mi vida es una rutina del trabajo a casa y cuando estoy en casa me dedico a estudiar o leer lecturas relacionadas con mi profesión; y aparte leer sobre los testigos de Jehová. Así que cada noche cuando hago una reflexión de mi día, no puedo entender dónde se fueron tantas horas como agua entre los dedos.

Movimiento slow

En estos días que estuve de incapacidad, me dediqué a reflexionar en todas aquellas cosas que dejé de hacer para mí porque estaba enfocada en otras cosas: ví películas, me puse a leer por tercera vez Harry Potter, comí postres que antes no me permitía comer porque subo de peso, salí a caminar en un parque que me queda cerca de casa. Pensé ¿Y si el viernes me hubiese muerto? ¿dónde quedaría todo por lo que trabajé para otros? Ni siquiera me lo iban a agradecer.

Me puse a navegar por la red y me encontré un movimiento muy interesante, le llaman slow que se define como «una alternativa al frenético ritmo de vida occidental que aboga por tomarse tiempo para saborear cada instante.»

Nos enfocamos tanto en el destino al cual queremos llegar ó el objetivo que queremos alcanzar, que no nos detenemos a saborear el proceso para llegar a ese destino. Comemos deprisa porque hay que regresar a laborar, no disfrutamos la comida, vamos caminando por la calle y ni cuenta nos damos que el día está muy lindo, porque nuestra mente está enfocada en que tiene que llegar a determinado lugar, así que nuestra vida es vivir siempre deprisa y sin disfrutarla, cuando nos damos cuenta pasaron años de nuestra vida y hemos dejado de ser jóvenes y saludables; acabamos estresados y enfermos.

El movimiento slow tiene distintos ámbitos de aplicación pero el que se me hizo más interesante es a nivel personal. Decidí llevarme las cosas con calma y no estarme presionando por lo que hagan los demás, no soy indispensable y el mundo sigue girando aunque yo no esté.

No mas prisas

Se me está haciendo bien difícil estar en modo parking, pero ahora apago el móvil en la noche y me olvido de todo, me despierto un poco antes para salir sin prisas y tomar el transporte colectivo, disfruto de mi hora de comida sin estar con el estrés de que quiero regresar al escritorio, al llegar a casa juego con mi perro y me pongo a leer o a ver televisión. La vida de por sí es complicada y muy acelerada … de vez en cuando hay que estacionarse, para una vez recuperados y con fuerzas, podamos muy lentamente empezar a avanzar rectificando el camino.

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